EFICIENCIA Y EFICACIA EN LAS PEQUEÑAS FIRMAS DE AUDITORÍA (ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO DEL AUDITORIA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS (III DE III)

Amanecer sobre el cementerio de Getxo (agosto 2020 E Uyarra)

En esta tercera y última entrega sobre la “Eficiencia y eficiencia en las pequeñas firmas de auditoría”, acometo uno de los más actuales y preocupantes temas, ­­­­que en la actual crisis ha cobrado especial relevancia y que no es otro que el de la organización de los trabajos de auditoría y la implantación de las nuevas tecnologías.

En mi opinión, los comentarios y reflexiones expuestas en el artículo publicado en la edición 23 (noviembre 2019) de la Revista Técnica Contable y Financiera, junto con el contenido del mi post anterior sobre organización interna de los despachos, han cobrado también una notable relevancia como consecuencia de la pandemia y la consecuente reestructuración a las que muchas firmas hemos tenido que adoptar de forma urgente y que serán sin duda de gran utilidad para afrontar las medidas a tomar en las próximas semanas cuando, paulatinamente, nos vayamos incorporando a la ya nada rutinaria vida laboral.

Como en los posts anteriores, advertir que las referencias del artículo adjunto al desarrollo reglamentario del artículo 29 de la LAC sobre la organización del trabajo de auditoría, según figura en el borrador de octubre del 2018, de momento, no serán de momento de aplicación en cuanto que el nuevo texto, a publicar previsiblemente a finales de año, no lo contempla ya que se realizará mediante resoluciones posteriores a publicar por el ICAC.

A modo de resumen de esta serie —base recomendada de reflexión para el diseño e implantación de los cambios que el actual escenario exige—, sería recomendable responder, tras la lectura de los correspondientes artículos y a la vista de la actual situación, a las siguientes preguntas que aparecen en la sección de conclusiones de este tercer artículo:

  • ¿El enfoque de auditoría de nuestros empleados son el cubrir los posibles riesgos de incorrección material cara a la emisión de nuestro informe o por el contrario somos revisores contables que comprobamos y arreglamos la contabilidad del cliente?
  • ¿Estamos seguros de que asignamos y dedicamos horas a las áreas de más riesgo o simplemente verificamos aquellas áreas que siempre hemos revisado?
  • La selección de muestras, ¿se realiza mediante sistema de muestreo estadístico o por el contrario se toma una amplia muestra de forma subjetiva para cubrir una parte significativa del saldo o transacción a revisar?
  • ¿Utilizamos adecuadamente la revisión analítica tanto en la identificación de riesgos como en la realización de pruebas sustantivas?
  • ¿Asumimos tareas y labores que se supone que corresponden al cliente y no a los auditores?
  • ¿Tenemos la sensación de que sobreactuamos haciendo demasiado trabajo pero que no sabemos dónde ni cómo eliminarlo?
  • ¿Estamos utilizando bien las herramientas informáticas implantadas?
  • ¿Los planes de formación están diseñados para la mejora de la eficiencia y calidad de los trabajos o simplemente para cubrir las horas requeridas?
  • ¿Conocemos la rentabilidad de los trabajos y su justificación?
  • ¿Disponemos de una hoja de ruta para mejorar la digitalización de nuestros procesos operativos y de organización interna?
  • En definitiva, ¿consideramos que somos lo suficientemente eficientes o, caso contrario, disponemos de un plan para mejorar nuestra organización interna y práctica profesional?

Enlace al artículo en PDF

Esteban Uyarra Encalado

24 de agosto de 2010

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