LA FIRMA ELECTRÓNICA Y EL CHIP PRODIGIOSO

Todo empezó a finales del pasado mes de febrero — qué lejano resulta ahora— cuando dentro de nuestra asociación FORAUDIT se planteó la necesidad de estudiar y poner en práctica la firma digital para los informes de auditoría, tomando como referencia la legislación en vigor y la respuesta del ICAC en la Consulta de auditoría (BOICAC 120/diciembre 2019) sobre el tema.

Para ello se constituyó una comisión encabezada por Francisco Gabás Gracia de CGM [1] y David Uyarra Delgado por parte de Audinfor, cuyos resultados y procedimientos propuestos fueron presentados en un curso práctico que abordó, mediante ejemplos, las diferentes alternativas distinguiendo entre la firma avanzada y la reconocida, entendiendo ésta última como aquella que cuenta con su correspondiente certificado de validación y generada con un dispositivo seguro de creación de firma.

No es mi intención entrar en este tema ya que requeriría de un post específico y de unos conocimientos de los que carezco, lo que quiero es contar mi experiencia personal que, al parecer, es más común de lo que se reconoce públicamente y que bien podría titularse las luces y sombras del chip prodigioso.

Hace un par de años tuve que renovar el caduco DNI clásico por uno más moderno que incorporaba un chip con mis datos personales que, según me explicaron, servía para firmar electrónicamente o para acreditar mi identificación en determinadas transacciones electrónicas, para lo cual era imprescindible utilizar una clave personal que aparecía en un sobre cerrado que me entregaron junto al nuevo documento de identidad.

Como mi memoria no está preparada para retener los 12 dígitos de que constaba, la apunté en mi App de claves por si en algún momento la podría necesitar. Quién me iba a decir que me daría tantos problemas y que me iba a ser tan necesaria para el ejercicio de mi actividad profesional.

A las pocas semanas del actual estado de crisis por la pandemia, emitimos nuestro primer informe que, aplicando la lógica e interpretando la normativa en vigor, utilizamos el certificado obtenido de la Fábrica Nacional de La Moneda y Timbre (CERES) que estábamos utilizando habitualmente en todos aquellos documentos y certificados en los que era requerida la firma electrónica.

Sin embargo y a medida que parecía que la firma reconocida, era considerada como la más válida para la emisión de los informes de auditoría, quise probar la opción de firmar los informes con el DNI electrónico. A tal fin y dispuesto a dar un nuevo salto hacia la aplicación de las nuevas tecnologías, me hice con el dichoso aparatito y me dispuse a firmar mi primer documento PDF.

Pero cuál fue mi sorpresa que tras seguir a rajatabla los pasos que me habían explicado, aquello no funcionaba con los consiguientes y repetitivos mensajes de error que de forma monocorde aparecían en mi pantalla. Creí que ello era debido a la colocación de DNI, así que hice varios intentos infructuosos hasta dejarlo el documento totalmente mareado. Ni siquiera me dio oportunidad de utilizar la clave que ya la tenía localizada.

Desesperado pedí ayuda al gurú de mi hijo que tras recriminarme por mi creciente falta de destreza con las últimas tecnologías, lo intentamos de nuevo pero con idéntico resultado. Posible causa del problema: clave no correcta por falta de uso y forma de solucionarlo, ir a una comisaría de Policía y solicitar una nueva clave.

Pues nada, dicho y hecho. A los pocos días me presenté en la Comisaría Central en Bilbao que, al parecer, era la única que en el actual estado estaba operativa en la provincia para temas de DNI. Allí me indicaron que usara unas máquinas tipo consola que tras introducir el documento debía cumplimentar las instrucciones y elegir la correspondiente opción según lo que necesitara operar.

Tras unos pocos intentos infructuosos pude cambiar la clave, que seguía siendo operativa, por otra más fácil de recordar y teclear.

Dispuesto a intentarlo de nuevo me puse manos a la obra ante el ordenador, pero con el mismo resultado que días atrás. En esta ocasión cuando solicité ayuda técnica ya no recibí los improperios filiales usuales sino que tras la investigación de las posibles causas David me informó que la causa del problema podría ser la necesidad de renovar el certificado incorporado al chip lo cual también se tenía que realizar en la misma máquina infernal que había utilizado y de la que casi me había hecho un experto.

Nuevamente me traslade a la comisaría y al preguntar a un agente sobre mi problema me indicó que debería seleccionar la opción de Renovar el certificado. Tras introducir el carnet e identificar mis datos personales, la pantalla no mostraba ninguna indicación sobre la opción de realizar la maldita renovación. Comentado el hecho con el mismo agente me explicó que se debía a un error del chip y que debería cambiarlo, para lo cual y tras esperar casi una hora me llevó, con las debidas medidas de seguridad sanitarias, a una oficina donde un diligente funcionario me atendió amablemente y me cambió el documento del DNI. Al preguntarle por el coste, me respondió que era gratuito al tratarse de un error de emisión del carnet.

De regreso a mi domicilio me puse de nuevo delante del ordenador, elegí un PDF y me dispuse a firmarlo digitalmente. Después de un par de intentos fallidos  …., ¡Eureka! Funcionó. Ya tenía el chip prodigioso totalmente operativo.

Al parecer mi experiencia no ha sido tan inusual como pensaba. Al comentarlo con otros colegas me han confirmado que los fallos en el funcionamiento de estos novedosos chips de los DNI han sido habituales y que por lo menos en mi caso tuve la suerte de que me lo cambiaran. Al parecer otros no han tenido tanta fortuna.

Ahora ya podré utilizar una firma electrónica reconocida, si bien y esta es una opinión personal, la firma avanzada que aporta la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, considero que es válida para la emisión digital de informes de auditoría lo cual puede ser la alternativa para quienes tengan su chip deteriorado.

Esteban Uyarra Encalado

Mayo 2020


[1] Quien recientemente ha impartido una excelente y clarificadora Webinar sobre este tema organizada por el Registro de Economistas Auditores (REA).

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