IMPACTO DEL COVID-19 SOBRE LAS PEQUEÑAS FIRMAS DE AUDITORÍA

Getxo abril 2020

Recientemente el compañero auditor Adrián Serrano ha publicado en Linden un acertado y oportuno comentario[1] sobre los riesgos que la crisis generada por el COVID-19 está provocando en las firmas de auditoría, aspecto éste que no he visto tratado en las charlas, webinars y artículos relativos a los efectos del coronavirus.

En este breve post quiero apostillar lo comentado por Adrián con algunos datos e información fruto de las conversaciones y contactos con responsables de despachos y firmas de auditoría de pequeña dimensión.

Como información previa debo resaltar que desde hace más de 30 años, debido a mis actividades como formador y desarrollador de programas informáticos para auditores, dispongo de un conocimiento muy próximo de las experiencias, a veces padecimientos, de los pequeños auditores con los que mantengo permanente conexión no sólo comercial sino profesional y sobre todo de amistad, lo que me permite ilustrar este post y mostrar el complicado presente y el más que incierto futuro por el que están pasando muchos pequeños auditores.

Es del todo conocido que los despachos y pequeñas firmas constituyen el mayor número de auditores, no correspondido por un equivalente peso en la facturación de auditoría. Muchos de ellos compatibilizan su actividad auditora con la prestación de otros servicios de asesoramiento y consultoría a pequeñas y medianas empresas lo que, como luego indicaré, les va a suponer un significativo riesgo añadido. También indicar que desde hace escasos años se está poniendo en duda la viabilidad de los pequeños despachos ante los importantes retos provocados por la globalización y la irrupción de las nuevas tecnologías.

La situación de confinamiento y de prácticamente paralización total de la actividad económica está teniendo efectos devastadores sobre el tejido empresarial en general de los que no son ajenos los despachos y firmas pequeñas de auditoría, generando o agravando determinados riesgos como los que describo a continuación:

De liquidez.

  • Las empresas clientes han entrado en una espiral de falta de liquidez que está provocando impagos y/o retrasos de los que no se libran los auditores.
  • Otro factor de riesgo proviene del retraso en la ejecución y por ende en la facturación de los servicios de auditoría ya que la emisión del informe puede trasladarse a los meses de octubre o noviembre todo ello dependiendo de la fecha de cese del actual estado de alarma. Este aspecto se puede complicar por cómo se haya planificado la facturación de los trabajos, por ejemplo en el caso de que la mayor parte de los honorarios se facturen con la entrega final del informe de auditoria.
  • El cierre temporal de muchos los clientes en general es otro de las causas de la no entrada de caja y que en muchos casos se traduce en solicitudes de los clientes para retrasar el giro de recibos al cobro por los servicios prestados o de las igualas previamente pactadas.

De financiación. Como consecuencia de lo anterior, unido a una escasa o nula financiación exterior y la limitada capacidad de autofinanciación, va a situar a muchos despachos pequeños en situaciones límite que, como me decía un compañero, les está obligando a aportar efectivo de sus propios bolsillos. La falta de expectativas y la incertidumbre sobre el futuro inmediato está haciendo auténticos estragos en despachos pequeños con escasos o nulos recursos financieros.

De mercado o cartera de clientes.

  • Es frecuente la asunción por pequeñas firmas de auditorías voluntarias, no sujetas a obligatoriedad ni siquiera al depósito de las cuentas anuales auditadas en el Registro Mercantil. Son este tipo de auditorías las primeras que en situaciones de crisis como la que estamos padeciendo y ante la falta de ingresos, se rescinden o posponen para ejercicios venideros. Algunos compañeros me han comentado amargamente la anulación de compromisos de auditoría voluntarias.
  • Los despachos y firmas de auditores /asesores, están especialmente expuestos ya que muchos de sus clientes, PYMES y autónomos, con sus negocios cerrados y ante la incertidumbre sobre la recuperación de la normalidad añadida a la ausencia de efectivo, es más que probable que no sobrevivan, lo que supondrá una dramática caída de ingresos que obligará a una reestructuración de la plantilla o a replantear la viabilidad de los despachos.
  • Otro de los efectos es el hecho de que ciertos clientes de auditoría o de servicios de asesoramiento están solicitando una reducción de los honorarios de auditoría que compense en parte la caída de ingresos.
  • Destacar que muchas firmas pequeñas estaban llevando a cabo proyectos y trabajos de asesoramiento o de consultoría que, como resultado de la crisis, posiblemente no podrán terminar y menos, facturar.

De rentabilidad.

  • Como se ha dicho hasta la saciedad, las actuales tarifas aplicadas a los trabajos de auditoría lleva años afectando a la rentabilidad de las pequeñas firmas de auditoría lo que añadido a la utilización de sistemas y prácticas arcaicas e ineficientes hace que esta actividad de auditoría no sea ni rentable ni atractiva para las nuevas generaciones de auditores. En este sentido, la actual crisis, como he tenido ocasión de comentar en un reciente artículo de próxima publicación, el COVID-19 ha sorprendido a muchos pequeños auditores con “el pie cambiado” al no disponer de estructura, organización y herramientas adecuadas para hacer frente a este tsunami  al que nos estamos enfrentando.
  • Relacionado con lo anterior, señalar el efecto negativo que el teletrabajo está suponiendo en muchos despachos por no disponer de la experiencia y sistemas adecuados para su correcta aplicación lo que está provocando un caída importante en la productividad de su personal con el consiguiente efecto negativo en la ejecución de los trabajos y prestación de servicios.
  • La caída en la rentabilidad y eficacia de los miembros de los equipos de trabajo es uno de los primeros efectos del actual estado. Las comunicaciones, acceso a la documentación original, necesidad de disponer de herramientas adecuadas y bien diseñadas para la realización de los trabajos en remoto, está pasando factura a muchas pequeñas y no tan pequeñas firmas de auditoría que día a día se lamentan de no haber apostado antes por las nuevas tecnologías y se debaten sobre la conveniencia de realizar un ERTE parcial o general.
  • Lo comentado anteriormente es aplicable también a aquellas redes de auditores que carecen de las apropiadas y comunes herramientas informáticas y de comunicación, lo cual es habitual en las que lo único que tienen en común es el nombre y las cuotas que periódicamente pagan. Algunos socios miembros de este tipo de redes se quejan de la poca o nula ayuda que reciben y que les obliga a replantear su futura permanencia como miembro de ellas.

De continuidad. Como resultado final de los crecientes problemas que la actual crisis está provocando y que se van a agravar a medida que la actual situación se prolongue, va a obligar a muchos de los responsables de despachos y auditoría a cuestionarse la viabilidad y continuidad de su actividad. Para muchos pequeños auditores y asesores el COVID-19 va a acelerar su desaparición bien a través de la venta de su menguada cartera de clientes o, como ya se está produciendo, mediante la asociación e integración en otras estructuras y organizaciones más grandes.

Como conclusión indicar que como indicaba Adrián Serrano, “las firmas de auditoría también son empresas y como tales están expuestas a los riesgos derivados de esta crisis”. Su supervivencia va a depender de muchos factores de carácter exógeno, sobre los que no se tiene capacidad de maniobra y que efectivamente van a tener un efecto directo sobre su supervivencia, lo que obligará a adoptar decisiones sobre su estructura y organización. Una de las soluciones, no la única, sobre la que en la actualidad algunos compañeros están trabajando, es la de asociarse o integrarse con otras firmas de mayor tamaño para encontrar el apoyo y la seguridad con la que afrontar los actuales retos.

Esteban Uyarra Encalado

 25 de abril 2020


[1] Las firmas de auditoría también son empresas y como tales también están expuestas a los riesgos derivados de esta crisis y es posible que alguna de ellas se vea obligada desafortunadamente a tener que prescindir temporalmente de parte de su personal, siendo los trabajadores menos experimentados los más afectados: personal de recién incorporación -juniors- y personal en prácticas -becarios.

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Showing 2 comments
  • Alicia Afonso
    Responder

    Cierto es que hay muchos efectos negativos derivados de la crisis del COVID-19, pero debemos verlo como una oportunidad para diversificar nuestro negocio y estudiar nuevos campos en los que podamos ser útiles a nuestros clientes. Por ejemplo, en lo que se refiere a informes técnicos para ERTES por causas económicas o bien cuentas justificativas de las muchas subvenciones que esperemos se articulen en un futuro cercano para las Pymes. Toca reinventarse y seguir luchando, algo a lo que los auditores estamos acostumbrados. Ánimo

    • Esteban
      Esteban
      Responder

      Cierto. Van a surgir nuevas oportunidades y servicios profesionales, pero el problema va a ser el de cobro de certificados e informes especiales. Lo que está claro que hemos de reinventarnos y cambiar el chip. No es una opción sino una clara obligación para subsistir. Saludos

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