SOBRE LA EFICIENCIA Y EFICACIA DE LAS PEQUEÑAS FIRMAS DE AUDITORIA (I/III)

Rayos y centellas (Sopelana D. Uyarra)

Para su publicación el próximo setiembre el mes pasado remití a la revista Técnica Contable y Financiera el artículo que, bajo el título de “Futuro de los despachos y pequeñas firmas de auditoría tras el COVID-19”, abordo determinadas consideraciones personales sobre cómo enfocar la actividad de los auditores de pequeña dimensión tras la crisis provocada por el coronavirus; artículo que en cierto modo supone una actualización a las actuales circunstancias de los tres artículos publicados en los números 22 a 23 (setiembre-noviembre de 2020) sobre ”Eficacia y eficiencia en los trabajos de auditoría”.

Acceso al artículo 1/3 (septiembre 2020)

Al releer estos no tan lejanos artículos bajo la perspectiva de lo que ha sucedido a partir del pasado mes de marzo, consideré que podrían de interés y utilidad el publicarlos en mi blog, para lo que recabé la debida autorización de la editorial Wolters Kluwer. El análisis de la situación de la auditoría entonces descrita, las sugerencias y propuestas para mejorar la eficiencia, eficacia y por ende, la rentabilidad de las pequeñas firmas, aunque válidas, han sido dramáticamente modificadas por los recientes acontecimientos lo que ha confirmado algunas de las predicciones expuestas y acelerado la necesidad de reestructurar y modificar muchos de los esquemas, organizativos y de trabajo, hasta ahora aplicados.

La mayoría de los auditores hemos acabado exhaustos tras el paso del tsunami pandémico. La necesidad de buscar soluciones a los continuos e insólitos problemas surgidos, así como la adaptación a las nuevas condiciones de trabajo y las dificultades operativas surgidas por el confinamiento, ha consumido muchas de nuestras energías. Sin embargo, como me comentaba recientemente un buen amigo auditor, estas semanas de relativo descanso han de servir para planificar los trabajos no terminados, pero y sobre  todo, para reflexionar sobre el enfoque empresarial a dar al despacho tanto global como organizativo. Los nuevos brotes y la amenaza de una nueva ola de contagios supone un motivo más para desarrollar un plan de emergencia que contemple un escenario más complicado. El diseño de un nuevo sistema organizativo tanto interno como para la realización de los trabajos, supone una obligación ineludible de los socios y responsables de los despachos y firmas de auditoría.

Estoy convencido que el presente post, junto con los siguientes que publicaré durante este mes “vacacional”, contribuirá a establecer las bases y criterios con los que llevar a cabo la necesaria adaptación de los despachos.

La serie de los tres artículos hacen referencia a tres temas: i) la situación de la actividad de la auditoría y las principales causas de su baja rentabilidad; ii)  la organización interna de  los despachos y firmas y, iii) la organización y metodología en la realización de los encargos.

Una advertencia obligada que repetiré en los siguientes posts es la relacionada con el borrador del reglamento que desarrolla la Ley 22/2015, de 20 de julio, de Auditoría de Cuentas publicado en octubre del 2018 al que hago frecuentes referencias en mis artículos. Texto que según se ha anunciado se ha modificado sustancialmente de forma que, determinadas prescripciones, sobre todo relativas a la organización interna y del trabajo del auditor, se han eliminado “provisionalmente” pero que tendrán un desarrollo posterior mediante resoluciones a emitir por el ICAC.

Esteban Uyarra Encalado

16 de agosto 2020

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